Perdido en el ostracismo de una tarde
el idiota se viste de máscara para la noche entrante
ceguera de días, camino sinuoso
palabras perdidas, ojos
cueguera del tiempo:
camino empedrado enrieda insomnios
de primavera.
inquebrantable nuestra ventana, ella
nuestro límite de vidrio por sobre los árboles
mojados del viento que ensalsa las ciudades.

Adentro a veces llueven cenizas de mármol
y las miradas empañan el vidrio
los cuerpos de cera, los muebles:
van a estallar.

Al abrirse el oro se perderá, aún
adentro las bestias saquean
asquean
devoran sueños y tormentos
tu vestido de flores, tus pañuelos,
tus pechos tu cuello tu pelo
todo el oro, las bestias
y estas letras
inscriptas en el reverso
estallan.
entristecido:
casi tanto como un mar sin las gaviotas que sobrevuelan su soledad,
cuando son ellas las que dibujan, incondicionales,
las delicadas líneas de su calma o su tempestad.

abatido como el sol sin uno de sus brazos,
casi más que una costa sin playas, estéril,
así como el vacío se siente cuando no es habitado por los hombres,
ni por su poesía.
si me cortara las venas
sangraría témpanos de hielo:

el éter del cráneo se bañaría de baba
tropezándose la fibra de un corazón tenaz
con el idiota que hierve en la propia piedra
del ser duro, del ser doliente
del sueño tupido de flores
las de su funeral.
Soplando el pelaje del lobo se entiende
que el miedo son sus ordinarias polillas
que son sus tumbas frágiles, soplables
su miseria rendida
ante la simple caricia de un viento dulce.

Pero entender que el lobo es el hombre
es la irresistible paradoja del miedo:
miel negra para entender como para padecer
al lobo, al hombre, al viento, a la tumba...

a los ásperos ojos negados de una primavera
que se deja ser presa de su flores negras
y de los espejos rotos del invierno.

Una máscara para dos caras

Me encuentro despidiéndote,
- la música de la tromenta,
ese trueno negro endulzado de viento,
se oye en el cielo turbulento -

ademanes de mis manos bordean el adiós,
están podridas pero lloran tiernas,
tal vez acarician tu pelo,
se lo llevan al vuelo hacia algún lugar más seguro.

los jinetes sobrevuelan nuestras cabezas,
al acecho - tienen el rostro negado -
quizás nos hablen de mañana,
quizás vengan a coronar esta angustia.

la máscara de la muerte son estas palabras,
y mientras te amacás en el fondo negro,
ellas te reclaman, ellas te pertenecen.
la resentida brisa
se comió al invierno
- vino desde muy lejos,
desde allí donde la ciudad tiene veredas verdes
para las almas azules -
trajo esa sentencia de bronce
y la amnesia danza y sus polleras se vuelan
y das el paso - veredas verdes -
me soplas la nuca del tiempo.

Me sostengo del invierno que es quizás
- pero veredas verdes para las almas azules -
lo único que nos queda.

ser/tener

El pecho lleno de escamas
la espalda llena de noche
y en medio
las horas muertas.

Te digo qué

Quizás hasta en alguna nueva ola
que de tanto llevarme, me traiga
un recuerdo húmedo de la sal, los vientos, y vuelva
enredado en algas, una vez más
lamiéndote la suela del perdón
y a costa de morirme entre mis reyes
por el salpicón de luna que sos vos
para mi océanica vejez.

Es que vivo entre mareas y el mar me traga.

Arte poética.

visitar la cripta,
discrepar al corazón,
sacudir la sangre,
encontrar el diamante de todo llanto.
los abismos no dan tregua,
no se esconden tras la sombra:
son la sombra,
y sus espasmos.

la tregua es entonces la nuestra
la espada doblada, firmes los cypreses
duelce el entierro, la bandera blanca
hondeando estrellas de cabotaje.

tan profundo es el fuego
que la profundidad quema.
Salgamos a sangrar en la noche de calles negras
al ánima del dolor:
gota por gota
sueño tras sueño magro
hasta desplumarse los unos de los otros
desvaneciendo las pestañas
que coronaron alguna vez algún presagio
de que era posible mirarse
sin desmentirse.
Donde el grito en fiebre,
la mueca en sangre,
el olvido en sed,
la luna en ardor,

el alma mía en abolición.

Cada cual según su gravitación,
según su encargo.
Le hablé a un ojo torturado alguna noche
-temblaba- y calabera del sueño, el ojo
todo rojo, crispado, aunque petrificadamente oxidado
atiné a perseguirle
-¡que descaro!- y preguntarle vorazmente...
(alguna vez, sobre los montes
con el iris dorado de sol
aquél ojo fue mi amigo
aunque doliera también)

"¿Que intenso persigues
qué olor, dolor-amor y sobre qué alas?
(quisiera intesificarlo, quisiera montarlas)..."

"Tu sueño, ojo mío
¿alfombra voladora sobre qué ciudad
al ras de qué vientre, que se besa
en ardor
y se escabulle?
Mírame. Mírame. Mírame. Debáteme. Consciénteme.
Hazme...."

Y entonces su trubulencia quieta exasperó un gesto:
- Imposible verificarse entre las migas mías, el horror y el arrastre.
A esta altura no sabíamos ya quien era quién, de quién las palabras.

Su cara fría me dolía hasta vomitar su escarapela
haciendo de mi corazón un estómago fatigado.
- Ojo - le dije - me persigues ciego.
Se alejó del cuarto, del rincón, y dijo:
- ¡Hoy me siento muy limpio!
y sus ojos se dejaban espiar para ver
que desde su pecho brotaban sus frutos
y se le abrían frescos los árboles, el cielo y la fe.

Me arrastré.
"Y yo me siento tan, tan sucio", pensé.
Desde la cortina gris que cubría el día
parecía llover polvo, nubes con mi rostro
aire sin voz.

Por la ventana se veía todo el resto, nada
día que pesa tanto y un mueble, como rincón
pues todo sobra cuando mueble
hasta los versos, todo es polvo.

Vamonos de aquí.

Siento en lo negro una llamada
me habla, me toca, su encanto
- oigo sus campanas -
hace catársis en mí donde quisiera ver claros.

Bahías de la tristeza, mareas de sangre
la risa perdida, la voz tardía
¿Que más me tienes preparado?

...Un abismo, un pozo al costado
sarcófago de delirios y de pérdidas,
la negación.

Por suerte o por dibujo del amor
abro los ojos y así corro.

El bosque de cypreses grises.

El bosque de cypreses grises
hace tiempo me mantiene perdido en él
agitando sus copas desde hace siglos
con sus días eternos, vientos que pasan...

¿Qué velo siniestro me confesó una noche,
que hoy entierro la luna bajo mis pies?
¿qué bosquejo del infierno pintarajeé entre sueños?
¿quien sueña ahora por mí?...

A quien sea que seas:
¿por donde caminas, a quién sueñas,
cuál tu paraíso, cómo tu dulzura,
cuándo dentro tuyo vos y tu voz en ti?
Tengo un dolor con la tierra
ancestral, colérico, infernal
dolor de volcán;

Y en erupción, no tengo mas que llorar
venas y venas
que se van y se van
ni de vuelta a la tierra ni a ningún otro lugar.

Allá

Lejos se divisa el claro, alejándose
la primavera se destiñe en su regazo
moribunda aletea en su letargo de un otoño
que colmó sus versos, que secó su cauce.

Y yo la llevo a cuestas -cuánto cuesta-
como un epílogo, luna negra
de espaldas
camino su eclipse de rosa muerta.
Oh! la tarde se desnudó!
- augurio de tormenta -
y me enseñó su tercer ojo, bello durmiente
de bufonezca reunión de consejeros
de encierro total.

Doblan que se doblan las persianas
en el botón de los botones del pezón
del encierro total
de la chispa apunada de lo lento
perdida de su aguja de abismos
que no bebe su brebaje fatal.

Ay, apacible siesta de nariz lánguida
migraña de piernas
corazón nulo.

Y pensar que esta noche vestirás a tu ojo
que se despierta.
(....)
"Y por ti, mounstruo, arrastro de los pelos rostros
adorados, despierto muertos, desgarro estrellas
y los arrojo
a un absurdo fuego de palabras"

- De "Antipoema", Ulyses Petit de Murat, "Ultimo lugar", 1965.

Alguien llora

No quisiera herirte
pero tengo que dejarte
me acongoja el jardín de lo que pudo haber sido
y que tu pelo sea el techo de esta noche.

En los umbrales plurales de la devoción
se pierden platos de cientos de miles de mí negados
caminos y señuelos, balcones y recuerdos
hundidos en tu barco.

Alguien llora y quien escribe
hace las veces de su ángel
se desdobbla consciente se deforma
y heridas sus venas se mezcla su sangre.

Yo voy a escribirle al ángel
así reposo de vos en su sangre
y mientras él me escribe
yo te dejo sin herirte.

Artaud el ataud silvestre.

¿Adónde es que vamos si no es
a la búsqueda de los peldaños táctiles
de la invisible escalera
que nos rescata del pozo del vacío?

Manos negras que suicidan
los ojos y las venas.
Manos muertas que se mueren para vivir.

¿Cuantas veces es preciso creerse perido en él?, pues
¿Que más queremos hacer que las cosas que no existen?
¡Me niego a dormir en ascensores!

Se trata de que el amor se muere si no lo tratamos primero
con manos de pasto.

La sed perdida

¿Como hacer algo que ya no existe? como cantar...
en gris sólo se canta al mar, y el mar
cuando el mar...
es humbral de venas descarriladas
en una reboltosa mudez de mar
se apaga y otorga mar.

Río ya no hay
hay mar sólo
¿Como hacer algo que ya no existe más? como el color.
Alunado sea entre nubarrones
el cometa de la locura:
quizás licor de los sueños
quizás un tal vez infinito...

¿Como puede un terrible anhelo
que desde la sangría de cada noche
se le eleva al cielo con su puño apretado
volverse un cristal roto y faldero?

Ah! Aguerrida sombra que de mi no se despega!
quizás licor de los sueños
quizás un tal vez infinito.